Los números de 2013

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Los números de 2012

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INTRODUCCIÓN

La filosofía fuera de la academia: Introducción

Obras completas del autor: Scribd

Mauricio Dimeo Coria


La filosofía tiene un gran desarrollo dentro de las instituciones, tanto que en México la investigación filosófica tiene su propio instituto (Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM) y existen carreras y posgrados de filosofía en varias universidades, tanto públicas como privadas. Pero ¿Cómo es la filosofía fuera de las instituciones académicas? O en todo caso, ¿Cómo debería ser?

La filosofía fuera de las instituciones es escasa, ya que se reduce a la venta de libros, los cuales están enfocados en un público familiarizado con la filosofía o suele circunscribirse a las obras más llamativas, como las de Nietzsche (El Anticristo, Más allá del bien y el mal, etc.). O incluso suele confundirse con las obras de esoterismo, que carecen de rigor argumentativo o de contenido filosófico.

Hay que considerar que la academia tiene cierta responsabilidad de que ocurra esta vulgarización de la filosofía, ya que rara vez enfoca su quehacer en beneficio de la población, la pregunta es: ¿La filosofía tiene que estar comprometida con la sociedad? Y la respuesta a mi parecer, es afirmativa; pues viene implicada la pregunta ¿Para qué hacer filosofía? En otras palabras, la filosofía no puede quedarse en las tesis académicas, ni en el lenguaje que sólo los especialistas entienden, ya que eso la esteriliza y la petrifica. Es necesario socializar la filosofía.

La filosofía tiene que estar al alcance de la sociedad en general, incluso porque la mayor parte del financiamiento viene de los contribuyentes, a los cuales debemos rendir cuentas e intentar retribuir desde nuestro campo de acción. Es decir, la filosofía tiene que socializarse, popularizarse. Esto no significa que tenga que vulgarizarse o limitarse a un lenguaje más simple, al contrario, la filosofía tiene que servir como una herramienta concientizadora de la sociedad. Que su conocimiento permita a cualquier persona comprender el mundo y adquirir la capacidad de transformarlo.

Este argumento conlleva a la siguiente interrogante: ¿Es posible acercar la filosofía a toda la sociedad? La respuesta es rotundamente afirmativa, ya que toda persona, por el hecho de ser persona, posee una concepción del mundo, una visión de la realidad y una idea general de cualquier problema fundamental del universo, tal como decía Gramsci, “la mayor parte de los hombres son filósofos, en cuanto que actúan prácticamente y su actuar práctico contiene implícitamente una concepción del mundo, una filosofía” (1970: 422). De modo que la labor del filósofo consiste en desarrollar tal semilla filosófica en la persona de a pié, en cuestiones como el significado de la vida y el sentido del universo, las cuales tendrían que ser los principales temas filosóficos, ya que históricamente se han considerado los más relevantes para la humanidad.

Dicho de otro modo,
¿Un movimiento filosófico no lo es sino en cuanto se dedica a desarrollar una cultura especializada para reducidos grupos intelectuales, o, por el contrario, lo es sólo en la medida en que, en el trabajo mismo de elaborar un pensamiento superior al sentido común y científicamente coherente, no se olvida nunca de quedar en contacto con los <sencillos>, e incluso encuentra en ese contacto la fuente de los problemas que hay que estudiar y resolver? Sólo por obra de ese contacto se hace <histórica> una filosofía, se depura de los elementos intelectualistas de naturaleza individual y se hace <vida> (Gramsci, 1970: 370).

En tal sentido, las filosofías actuales tienden a encerrarse en elucubraciones lógicas o en problemas individualistas como la angustia por la muerte, cuestiones que están sumamente alejadas de los problemas concretos y reales de la población en general, ya que muchas de sus dificultades están relacionadas con la opresión, la injusticia, la superstición y la ignorancia. Conceptos que la filosofía puede analizar y proponer su superación real, de modo que trascienda su tiempo.

La más famosa cita de Marx “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (1955:403), nos sugiere que dejemos de hacer filosofía de sillón, que salgamos al mundo y filosofemos partiendo de la realidad concreta. Esta forma de filosofar implica que la filosofía tiene que ser propositiva y no meramente crítica como suele serlo, es decir, la filosofía sólo puede ser transformadora cuando se inserta en la realidad social y sugiere su transformación.

En otras palabras, “el valor histórico de una filosofía es calculable a partir de la eficacia práctica que ha conquistado. Si es verdad que toda filosofía es expresión de una sociedad, tendría que reaccionar sobre la sociedad, determinar ciertos efectos positivos y negativos; la medida en la cual reacciona es precisamente la medida de su alcance histórico, de no ser elucubración individual, sino hecho histórico” (Gramsci, 1970: 275).

Por la misma línea, para que una filosofía trascienda su tiempo y no sea una mera víctima de sus circunstancias, tiene que ser capaz de insertarse en la sociedad, como un ingrediente más de su desarrollo, pues sólo así cumplirá su función histórica de ser una herramienta teórica de la humanidad, es decir, “la filosofía de una época no es la filosofía de tal o cual filósofo, ni la de tal o cual grupo de intelectuales, ni la de tal o cual gran parte de las masas populares: es una combinación de todos esos elementos, que culmina en una dirección determinada a lo largo de la cual ésa su culminación se hace norma de acción colectiva, o sea, se hace historia concreta y completa (integral).” (Gramsci. 1970: 422).

Todos estos argumentos son una invitación a los filósofos y a la sociedad, para que rompamos la brecha entre unos y otros, para que los filósofos dejen de hacer filosofía sólo para ellos mismos y de ese modo la sociedad se acerque a la filosofía, como un conocimiento que posibilita un pensamiento reflexivo, crítico, transformador, que si bien resuelve problemas que son generales, éstos también son importantes para la persona común.

Tenemos que transformar nuestra disciplina y nuestro quehacer, porque

la mayoría de los filósofos se limitan a comentar ideas de otros, o a hacer especulaciones estériles: no abordan problemas nuevos, no se enteran de lo que pasa en las ciencias y las técnicas, ni se ocupan de los principales problemas que afronta la humanidad. Por ejemplo, los ontólogos imaginan mundos posibles, pero ignoran el único real; los gnoseólogos siguen creyendo que las teorías científicas son paquetes de datos empíricos; los filósofos morales discuten a fondo el problema del aborto, pero descuidan los problemas mucho más graves del hambre, la opresión y el fanatismo (Bunge, en Martínez, 2003).

Respondiendo a la pregunta inicial: ¿Cómo sería la filosofía fuera de las instituciones hoy? La respuesta es: si la filosofía aún no está fuera de las instituciones se debe a que es filosofía muerta, de autoconsumo. Tenemos que llevarla fuera de la academia, para que se realice, para que tenga valor histórico, para que trascienda su tiempo y contribuya al desarrollo de la humanidad.

Consecuentemente, en la presente obra se abordan temáticas vinculadas a la vida cotidiana y política, desde una perspectiva propositiva y crítica.

En el primer capítulo se indaga en el fenómeno de la religión desde sus orígenes, proponiendo una superación que pueda integrar sus aspectos más importantes como el sentido de identidad, de trascendencia y de justicia.

En el segundo capítulo se estudia el fenómeno del futbol, se recuperan las aportaciones de algunos filósofos e intelectuales sobre el tema y se plantea una propuesta para su plena realización humana.

En el tercer capítulo se explora la relación que existe entre la naturaleza y la tecnología, planteando que no son ámbitos ajenos, sino inextricablemente concatenados, lo cual es fundamental para comprender el lugar que posee la humanidad en el universo.

En el cuarto capítulo se analizan algunos de los principales problemas éticos en la actualidad, proponiendo una escala de valores que muestra en qué sentido debe aplicarse la moral para no atentar contra la dignidad humana.

En el quinto capítulo se clarifica el fenómeno del neoliberalismo, desnudando sus principales propuestas y mostrando sus debilidades, dado que representa un fundamento ideológico de la desigualdad a nivel mundial.

En el sexto capítulo se critican los principales prejuicios en torno al socialismo científico, buscando sintetizar las tesis principales de esta teoría de la transformación social, dado que su aplicación en los socialismos reales no ha sido afortunada.

En el séptimo capítulo se construye una teoría sobre la conformación de las clases sociales, que busca clarificar el papel que jugamos en la sociedad, así como las posibilidades de cada clase para la emancipación política.

En el octavo y último capítulo se examinan las principales propuestas de transformación social, resaltando la importancia de conformar un partido político, aun cuando éstos sufran de un gran desprestigio social.

Bibliografía

Gramsci, Antonio, (1970) Antología, México: Siglo XXI.

Marx, Karl y Friedrich Engels, (1955) Obras escogidas en dos tomos, Tomo II, Moscú: Editorial Progreso.

Martínez, Eduardo. (2003) Mario Bunge, La filosofía no ha muerto, pero está gravemente enferma. Consultado en http://www.tendencias21.net/Mario-Bunge-la-filosofia-no-ha-muerto,pero-esta-gravemente-enferma_a150.html el día 8 de octubre de 2009.

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LO QUE NO ES EL NEOLIBERALISMO

LA FILOSOFÍA FUERA DE LA ACADEMIA.

CAPÍTULO 5: LO QUE NO ES EL NEOLIBERALISMO
MAURICIO DIMEO

INTRODUCCIÓN

En este ensayo se analizará la ideología que subyace a la famosa teoría del neoliberalismo, con el objetivo de clarificar el fundamento de dicha postura y sus implicaciones sociales.

El problema básico de definir al neoliberalismo es que no corresponde a una escuela en particular, ni a un modo concreto de describir la economía, sino que es un concepto usado de manera general para descalificar ciertas prácticas.

A grandes rasgos podría decirse que el neoliberalismo busca reducir la intervención del Estado tanto en lo económico como en lo social, propugnando por un libre mercado no sólo entre los países sino al interior de cada uno, en ámbitos como la educación, la seguridad social y la vivienda.

En otras palabras, el neoliberalismo es el intento de llevar al libre mercado hasta sus últimas consecuencias, de liberar los mercados de las restricciones estatales de modo que la libre competencia sea su propia regulación.

Como su nombre lo dice, el neoliberalismo busca llevar hasta sus últimas consecuencias los ideales del liberalismo clásico como son la propiedad, la libertad, el libre mercado, el orden público y el individualismo, los cuales serán los ejes de nuestro análisis.

1. EL NEOLIBERALISMO NO DEFIENDE LA PROPIEDAD PARA TODOS.

Os aterráis de que queramos abolir la
propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno
de vuestra sociedad actual, la propiedad
privada no estuviese abolida para nueve
décimas partes de la población!
Marx y Engels.

La propiedad puede ser de dos tipos: individual y privada. La propiedad individual es una posesión que se disfruta de modo personal, como puede ser ropa, un auto, una casa, una computadora, un cepillo de dientes. La propiedad privada, como su nombre lo dice, es aquélla que “priva” a otros de dicho bien, como puede ser una empresa o una patente.

Ahora bien, probablemente nadie estaría en contra de que todos poseamos propiedades individuales, ya que son necesarias para una vida digna, pero con la propiedad privada es diferente, ya que presupone cierto grado de desigualdad: que una minoría sea dueña de los medios de producción, distribución y financiación, mientras que otros, los desposeídos, se vean obligados a trabajar para dichos dueños.

El argumento que se usa comúnmente para justificar dicha desigualdad es que los poseedores son los emprendedores que por su esfuerzo e inteligencia lograron acumular riqueza y que los desposeídos son idiotas o flojos que no son capaces de planear su futuro, pero la historia del capitalismo muestra que esto no es así, ya que es una minoría excepcional la que con el sólo esfuerzo e inteligencia logra enriquecerse, la mayoría de las riquezas se heredan o se logran mediante el saqueo, el robo o la dominación, baste resaltar que las grandes potencias mundiales lograron acumular su riqueza a costa del saqueo colonialista en África, Latinoamérica y Asia durante cientos de años, esto es a lo que Marx llamó la acumulación originaria del capital.

Por otra parte, ¿Cuántos trabajadores tienen la posibilidad de ahorrar lo suficiente para renunciar a su empleo y poner su propio negocio? Es una minoría, ya que en el mundo los salarios suelen rondar en lo mínimo para la subsistencia. También se argumenta que los trabajadores no pueden ganar más porque su flojera o apatía les impidió estudiar una carrera, pero las causas por las que no se estudia son muy diversas, desde tener que trabajar a muy temprana edad, hasta el escaso cupo en las universidad. Peor aún, hay gente preparada que sigue ganando lo mínimo para su subsistencia, pues el trabajo calificado cada vez es peor pagado.

En pocas palabras, el neoliberalismo sostiene el derecho de propiedad como un derecho fundamental de la humanidad, pero confunde la propiedad individual con la propiedad privada, desconociendo que esta última supone una desigualdad de oportunidades que se extiende generacionalmente.

2. EL NEOLIBERALISMO NO LUCHA POR LA LIBERTAD PARA TODOS.

La libertad es una gran palabra; pero bajo la bandera de la libertad de industria se han
hecho las guerras más rapaces, y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha expoliado a los trabajadores.

Lenin.

Antes de analizar la noción de libertad en el neoliberalismo revisaremos sus antecedentes en el liberalismo

La ideología que impera en el liberalismo es la de garantizar la libertad de los ciudadanos en todos los ámbitos posibles, lo cual fue revolucionario en su momento, pues el feudalismo impedía el desarrollo de la producción y se requería una teoría que liberara la circulación del capital del control del estado, así como las implicaciones sociales que esto conllevaba. Sin embargo en la actualidad dicha ideología genera serias dificultades, como se verá en adelante.

2.1 Dentro del liberalismo económico se pretende que toda persona tenga la posibilidad de enriquecerse sin restricciones del estado. Esto no es posible, dado que no todos tienen las posibilidades materiales para hacerlo, pues dentro de la sociedad capitalista se requiere de una clase proletaria que, generando una mercancía excedente, haga posible el enriquecimiento de la burguesía, por tanto, estaríamos hablando de una libertad negativa, es decir, de un hueco imposible de llenar mas que por una minoría. Peor aún, el interés por enriquecerse por encima de las necesidades obedece a una falta de libertad individual, en la cual se es esclavo de las ambiciones, en donde las propiedades terminan poseyendo a los propietarios. Asimismo, el trabajo mecanizado que impera en el proceso de producción y distribución: atenta contra el desarrollo de la creatividad humana, por lo que tales trabajadores padecen una enajenación que atenta contra su libertad en sentido estricto, pues la creatividad es la mayor prueba de la libertad. Por todo ello, la supuesta libertad del liberalismo económico sufre de una falta de libertad positiva (propiamente humana) y de una esclavitud material.

2.2 Dentro del liberalismo político se propone una garantía de participación y representación electoral, esto tampoco es posible, pues no toda la población cuenta con la educación y la conciencia social suficiente para elegir a sus representantes, por lo que nuevamente caemos en una libertad negativa que no puede ser completada mas que de manera formal. Asimismo, quienes detentan el poder tienden a ser dominados por él, pues debido a que la democracia representativa concentra el poder en una minoría: tiende a generar ambición excesiva, por lo que el poder termina sujetando al político, aunado a que dicha ambición deriva de una falta de autodominio. Por todo ello el liberalismo político no es más que una libertad negativa en la que la mayoría está excluida de la participación efectiva y una minoría tiende a ser esclava de su propio poder.

2.3 El liberalismo social cae en las mismas contradicciones, dado que la libertad de expresión está vacía si poca gente posee una formación intelectual, la libertad religiosa es falsa si la mayor parte de la gente vive enajenada, la libertad de viajar fuera del país está hueca si la mayor parte de la población apenas subsiste, los derechos jurídicos son obsoletos si las leyes favorecen a la clase pudiente, y así sucesivamente. Incluso la minoría dominante económica y políticamente hablando, tampoco disfruta de libertad social, dado que se ve obligada a dirigir sus acciones hacia el mantenimiento de dicho dominio. En ese sentido, aun cuando las superpotencias mundiales hayan reducido su propia pobreza, su libertad sigue siendo aparente, pues siguen dependiendo de los recursos de los países subdesarrollados, tales como el petróleo y otras materias primas.

Por tanto, el liberalismo en cualquiera de sus formas no nos conduce al desarrollo de la libertad social que requerimos, pues nos brinda un recipiente imposible de llenar.

2.4 En el neoliberalismo se agrava esta situación, ya que además se busca la liberación completa del mercado, reduciendo al mínimo la intervención estatal. Esto ha tenido consecuencias desastrosas en materia de educación, vivienda y salud, que son los pilares de nuestra subsistencia, ya que la ofensiva del neoliberalismo ha buscado privatizar dichos servicios bajo la excusa de que bajo el Estado son ineficientes. Si bien es cierto que dichos servicios suelen tener grandes deficiencias en buena parte por causas burocráticas, eso no significa que debe someterse a las leyes del mercado. En cuestiones de educación se ha provocado que cada vez menos personas tengan acceso, pues pocos pueden costearse un colegio privado. Con respecto a la salud, Estados Unidos es un buen ejemplo de cómo la seguridad social es cada vez más un lujo de unos cuantos, aun cuando es la mayor potencia económica del mundo. En el caso de la vivienda la especulación hipotecaria ha generado la paradoja de que haya muchas viviendas sin comprador y muchas familias sin una vivienda digna.

La apelación a la libertad por parte del neoliberalismo no es otra cosa que la supremacía de la libertad de los empresarios para lucrar irrestrictamente, a costa de la dignidad de los desposeídos. Por el contrario, un ejercicio pleno de la libertad es la emancipación social, la cual consiste en que los trabajadores tomen consciencia del papel que juegan en la generación de la riqueza y se apropien de ella para repartirla justamente, esto requiere un cambio de consciencia, donde libertad no signifique libertinaje económico, sino autodeterminación de los pueblos.

3. EL NEOLIBERALISMO NO SIGNIFICA BIENESTAR PARA TODOS.

…a pesar de su egoísmo y rapacidad natural, a pesar que solo buscan su propia conveniencia (…) comparten con los pobres el producto de sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a hacer casi la misma distribución de las necesidades de la vida que se habría hecho si la tierra hubiese sido dividida en porciones iguales entre todos sus habitantes y así, sin intentarlo, sin saberlo, avanzan el interés de la sociedad.
Adam Smith.

El economista Adam Smith propuso uno de los fundamentos del liberalismo, el cual se popularizó con el famoso concepto de “la mano invisible”, el cual afirma que mientras los individuos buscan su propio bienestar, logran al mismo tiempo el bienestar de toda la sociedad, ya que el libre mercado es capaz de regular por sí solo, mediante la oferta y la demanda, la producción y distribución de los recursos para favorecer a toda la población.

Dicho argumento tiene algo de cierto: el hecho de que quien genera riqueza de algún modo contribuye al crecimiento de la sociedad, pero esto no significa que dicha riqueza sea distribuida espontáneamente de modo equitativo, como prueba de ello vemos que en la actualidad cada vez hay más riqueza, pero también hay cada vez más empobrecidos (Aracena, 2007).

Este argumento de la mano invisible pertenece al liberalismo y el neoliberalismo lo ha perfeccionado con el Índice de Libertad Económica, el cual intenta medir el grado de liberación de los mercados en cada país y busca demostrar que a mayor libertad económica mayor calidad de vida para los ciudadanos, y que si los países subdesarrollados liberan sus mercados en su totalidad tendrán un nivel de vida alto como los de primer mundo.

Sin embargo, las políticas neoliberales se han venido aplicando desde la década de los ochentas en todo el mundo y el resultado ha sido que los países ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, esto ha conllevado la privatización de las paraestatales y con ello la pérdida de la soberanía nacional en muchos países subdesarrollados. El problema posee múltiples factores de los cuales resaltaremos dos.

En primer lugar la competencia es desigual en la medida en que las superpotencias pueden liberar sus mercados ya que poseen Estados sólidos y grandes capitales, lo que genera una competencia desigual contra los países en desarrollo, como muestra tenemos el tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN), el cual devastó la agricultura mexicana, ya que la competencia es sumamente desventajosa.

En segundo lugar se desconoce (intencionalmente o no) que la calidad de vida no sólo es producto de la riqueza, sino de la correlación de fuerzas, es decir, los trabajadores de primer mundo han logrado cierto bienestar social no sólo por la riqueza generada, sino por las conquistas laborales producto de la lucha sindical y del aumento en el nivel de vida socialmente necesario en cada nación.

Por el contrario, el neoliberalismo busca aplicar el libre mercado incluso en las relaciones laborales, suprimiendo la seguridad social que garantiza el Estado y tratando al trabajador tan sólo como una mercancía sujeta a oferta y demanda, es decir, cuanto más disminuye la oferta de trabajo, los trabajadores se ven obligados a competir entre ellos por los pocos empleos que hay, por lo que los patrones pueden precarizar los salarios y las prestaciones con la confianza de que siempre encontrarán desempleados disponibles. Con el desarrollo de la tecnología y la automatización de los procesos productivos, la oferta de trabajo es cada vez menor, por lo que la tasa de desempleo aumenta, junto con el subempleo, la subcontratación y la delincuencia.

4. EL NEOLIBERALISMO NO BUSCA UN ORDEN PÚBLICO PARA TODOS.

Fuera del neoliberalismo no hay salvación. Hemos llegado al final de la historia. No hay otra posibilidad, no hay otra salida más que el neoliberalismo. Todas las demás ideologías fracasaron. Lo que sirvió en las décadas pasadas fue un sueño que no soluciona nada. El capitalismo neoliberal es el único sistema capaz de producir riqueza, trabajo y bienestar social
Fukuyama

Con este discurso se pretende borrar la esperanza en un mundo mejor, desechar cualquier otra ideología y justificar cualquier injusticia en nombre de la libertad. De este modo cualquier inconformidad ante el sistema o cualquier intromisión del Estado en la economía se asumen como un atentado contra la libertad. Es así como los que detentan el poder y el dinero justifican la represión y persecución de todo aquel que proteste o exija un trato justo, pues usan como bandera la libertad (de mercado) que sólo es la libertad de los que tienen el poder económico.

En ese sentido, el neoliberalismo utiliza todos los medios posibles para mantener controlada a la población, como los medios masivos de comunicación, que ideologizan a la población en la lógica del “buen empresario” que genera empleos y crea fundaciones para ayudar a los más necesitados, como si esa misma desigualdad no fuera causada por el libre mercado. También genera leyes laborales para favorecer al empleador y dejar en la calle al empleado.

En pocas palabras, el neoliberalismo es antidemocrático, ya que no busca el consenso de la población, sino favorecer a los grandes capitales mediante legislaciones flexibles para ellos y represivas ante la población. En particular se busca eliminar toda forma de organización laboral como los sindicatos, aprovechando su gran desprestigio en razón de que abundan los líderes corruptos y las bases adormecidas. Lo que no significa que deban ser eliminados, pues es la única forma de que los trabajadores puedan exigir sus derechos organizadamente.

5. EL NEOLIBERALISMO NO ES INCLUYENTE

La ciencia burguesa toma como concreto algo plenamente abstracto. Estas relaciones no son de individuo a individuo, sino de trabajador a capitalista, de arrendatario a proletario, etc. Si elimináis esas relaciones, habréis eliminado la sociedad entera
Marx

La ideología que subyace al neoliberalismo es el libertarismo, el cual es una filosofía política que afirma la vigencia suprema de la libertad individual (o libertad negativa), es decir, el derecho del individuo sobre sí mismo, cuyo límite no es otro más que el derecho ajeno. El sustento de la ideología libertaria es la filosofía individualista, la política antiestatista y la economía capitalista laissez-faire, en razón de que para los libertarios, toda relación humana debe ser producto de pactos voluntarios.

El individualismo ya había sido criticado por Marx, el cual llamó “robinsonadas” a las teorías que buscaban explicar el origen de la sociedad mediante ejemplos aislados del contexto histórico y de la lucha de clases, en alusión a la obra de Robinson Crusoe. Mario Bunge también critica esta visión argumentando que tanto el individualismo como el colectivismo caen en el extremo de minimizar la importancia de su opuesto, ignorando que el individuo no puede ser reducido a la sociedad, pero la sociedad tampoco puede ser reductible al individuo.

El problema principal del individualismo, así como del libertarismo, es que abstraen al individuo de su contexto, asumiendo que las relaciones sociales se dan entre individuos iguales en derechos y sólo distinguibles por su habilidad o genio particulares. Sin embargo, cada clase o grupo social defiende intereses irreductibles a los de sus integrantes y estos intereses se oponen a los de clases antagónicas. Por ejemplo, los medios de comunicación están mediatizados por los poderosos y lo que transmiten está sesgado por sus intereses, a diferencia de los medios alternativos que obedecen a los intereses de los oprimidos. La frase célebre de Emilio Azcárraga, el dueño de televisa, es muy clara al respecto: “México es un país de una clase modesta muy jodida que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”. Afirmar que sólo se obedece a intereses individuales no es otra cosa que un ocultamiento de los verdaderos intereses de clase, así como defender el derecho de propiedad no implica exigir propiedades para todos, sino que se conserve la propiedad del que ya la tiene.

En última instancia el neoliberalismo está justificando la desigualdad y la injusticia, pues habla de individuos en abstracto, ignorando que hay ricos y pobres, poseedores y desposeídos, bien alimentados y desnutridos, legales e indocumentados, mujeres y hombres. Es decir, no se trata de ignorar las diferencias sociales, pues al hacerlo se cae en cierto tipo de discriminación, ya que se están menospreciando las necesidades y vulnerabilidades derivadas de condiciones históricas determinadas. Por ejemplo: el acceso a cargos directivos hacia las mujeres está limitado porque vivimos en un sistema patriarcal, donde el liderazgo suele ser masculinizado, por lo que asumir que todos somos individuos es justificar dicha discriminación. Por el contrario, reconocer las diferencias y desigualdad de oportunidades es el primer paso para combatirlas y lograr que cada cual viva según sus necesidades y trabaje según sus capacidades, tal como proponía Marx. No es casualidad que las cárceles estén llenas de gente pobre, ya que la justicia no es neutral, sino que da preferencias a los miembros de las clase dominante, es decir, de quien puede pagarse un abogado.

CONCLUSIÓN

Hemos visto que el neoliberalismo no defiende la libertad para todos, sino que favorece la desigualdad y el enriquecimiento de unos cuantos. Pero no basta con estar en contra del neoliberalismo como muchos hacen, pues posicionarnos en sentido negativo propicia caer en la ambigüedad y en la protesta sin contenido. Es fundamental poseer una propuesta en positivo, que critique a fondo al capitalismo en cualquiera de sus formas y posea un proyecto de emancipación social, como lo hace el socialismo científico. Ya que la libertad que pregona el neoliberalismo es imposible cuando la mayor parte de la población mundial vive sumergida en la pobreza y en la exclusión.
BIBLIOGRAFÍA.

Aracena, Joaquín. 2007. “Más riqueza y más empobrecidos” en Revista Pluma, número 9. Url:
http://www.movimientoalsocialismo.org/archivos/revista/nueve/mas.htm Consulta: 3 de noviembre 2012.

Miller, Terry, Kim R. Holmes y Edwin J. Feulner. 2012. Puntos destacados del índice de libertad económica 2012, La fundación Heritage. Url: http://www.libertad.org/wp-content/uploads/2012/01/Indice-2012-de-Libertad-Economica.pdf Consulta: 3 de noviembre 2012.

Álvarez, Juan. 2012. La esencia inhumana del neoliberalismo. Url: http://www.zonaeconomica.com/neoliberalismo/esencia. Consulta: 3 de noviembre 2012.

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POR QUÉ UN PARTIDO OBRERO SOCIALISTA

LA FILOSOFÍA FUERA DE LA ACADEMIA.

CAPÍTULO FINAL: POR QUÉ UN PARTIDO OBRERO SOCIALISTA

MAURICIO DIMEO

INTRODUCCIÓN

En este escrito se busca resaltar la necesidad de conformar un partido, la importancia de que sea socialista y la peculiaridad de que sea obrero, desde un enfoque filosófico y con una perspectiva propositiva.

 

1. POR QUÉ UN PARTIDO

La conciencia social posee varios niveles que pueden ser esbozados de la siguiente forma:

1.1 INCONCIENCIA Todos los seres humanos podríamos afirmar que deseamos una sociedad mejor, incluso que ser buenas personas puede contribuir a dicha mejora. Así, cualquier empleado o empresario diría que su trabajo otorga un servicio que hace de este mundo un lugar mejor. De modo que podríamos creer que basta con ser honestos y cumplir con nuestros deberes para contribuir al desarrollo social.

 

1.2 CONCIENCIA FILANTRÓPICA Con un poco más de conciencia podemos darnos cuenta que la mayor parte de la población posee una buena voluntad, pero que esto no es suficiente para mejorar las cosas y decidimos hacer algo más. Lo más probable es que hagamos donaciones o que participemos en organizaciones filantrópicas, como dichas actividades producen un sentimiento de satisfacción inmediata, podemos creer que con esto es suficiente. Podríamos afirmar que toda organización sin fines de lucro que no ponga en duda la estructura de poder puede ser definida como filantrópica.

 

1.3 CONCIENCIA POLÍTICA Con otro poco de conciencia nos damos cuenta que la filantropía es tan sólo un cúmulo de buenas voluntades, pero sin un conocimiento profundo de cómo funciona la sociedad. Es decir, estas organizaciones realizan actividades superficiales que no solucionan los problemas, si bien dan esa apariencia a corto plazo. Por ejemplo, la asociación filantrópica “Habitat para la humanidad” se dedica a construir casas para los que carecen de ellas, pero en sus propias estadísticas maneja que aun cuando su actividad aumente, cada vez existe más gente con carencias habitacionales. Es decir, la filantropía parece estar más enfocada en causar sentimientos positivos en los voluntarios que en resolver problemas estructurales.

 

Los problemas sociales implican algo más que voluntades, pues su fundamento radica en los intereses políticos, es decir, en todo momento concertamos relaciones de poder con nuestros semejantes y a nivel colectivo compartimos intereses con personas afines a nuestra posición social, esto implica que los grandes problemas que aquejan a la sociedad no pueden reducirse a voluntades o deseos individuales, sino que su resolución implica cambios políticos. Esta conciencia política podría reducirse a la participación electoral, a la afiliación a una agrupación política (como los grupos anarquistas, sindicalistas, feministas, estudiantiles, en defensa de los animales y ecologistas entre otros) y a discusiones de café.

 

 

1.4 CONCIENCIA PARTIDARIA. Con un poco más de conciencia, entenderemos que no basta con una conciencia política pasiva que se reduzca al voto, o a una organización que no busque tomar el poder; es decir, las agrupaciones anarquistas, sindicales, feministas, estudiantiles, en defensa de los animales y ecologistas, si bien luchan genuinamente por un mundo mejor, no lograrán un cambio permanente si no pueden determinar dónde se destinan los recursos públicos, las políticas públicas y las decisiones en política internacional, lo cual sólo es posible si se toma el poder.

 

En otras palabras, la única forma de lograr el respeto a la autonomía de los pueblos originarios, brindar empleo con salario justo para todos, garantizar los derechos de las mujeres, brindar educación pública y gratuita, darle trato justo a los animales y garantizar la explotación racional del medio ambiente: será posible si tomamos la dirección del país y lo encauzamos en dichas consignas, entre muchas otras.

 

Por ello requerimos construir un partido, el cual busque tomar el poder con el apoyo de la población y de este modo dirija al país a un desarrollo social y a un reparto justo de la riqueza, ya que una auténtica mejora de la sociedad requiere acciones políticas en las que logremos cambios profundos en la correlación de fuerzas y no sólo se conforme con sacar el agua del barco que se hunde.

 

Nótese que no estoy diciendo simplemente “afiliarse” a un partido, pues esto implica una visión pasiva que le delega la práctica a los líderes o a un conjunto amorfo de personas. La puntualización de “construir” un partido implica una participación activa y constante que organice gradualmente a la población, para que las decisiones políticas sean el resultado de la convergencia de intereses colectivos y no de la imposición de unos cuantos.

 

En ese sentido, una conciencia partidaria consecuente no delega su práctica a un caudillo o líder, es decir, no podemos creer que los cambios sociales son producto de unos cuantos líderes o iluminados que transformarán a toda la sociedad, ya que todo líder es producto de su entorno y de sus condiciones históricas, de modo que la sociedad es responsable del tipo de líderes que genera.

 

2. POR QUÉ SOCIALISTA

La conciencia, una vez que logra transformarse en conciencia partidaria, posee varios niveles de desarrollo

.

2.1 CONCIENCIA PARTIDARIA DIALÉCTICA. Contrario a lo que suele creerse (producto de las erróneas aplicaciones del bloque soviético), el socialismo busca ser el más democrático de los sistemas políticos, ya que no posee una visión llanamente vertical en la cual sólo nos limitemos a votar cada varios años y sólo exijamos que los gobernantes cumplan; tampoco posee una visión llanamente horizontal, en la que no sea posible actuar organizadamente porque no existe una dirección específica que tome decisiones en representación de la mayoría.

 

Por el contrario, un partido requiere actuar como una sola persona, para que así pueda concentrar sus fuerzas en un mismo objetivo, pero sin perder su carácter democrático, es decir, necesita actuar horizontalmente (democracia) y verticalmente (centralismo). En ese sentido el centralismo democrático es el resultado de una conciencia dialéctica, el cual tiene las siguientes características:

 

  • Carácter electivo y revocable de todos los órganos de dirección de abajo arriba.
  • Rendición periódica de cuentas por los órganos de dirección ante quienes los eligieron y ante los órganos superiores.
  • Libertad de crítica y autocrítica dentro del partido.
  • Estricta disciplina de partido, subordinación de la minoría a la mayoría.
  • Las decisiones de los órganos superiores son vinculantes para los órganos inferiores.
  • Trabajo y dirección colectivos, responsabilidad individual de cada participante en el proceso de direccionamiento del Partido.

 

En ese sentido, el centralismo democrático es el modo de proceder de los partidos marxistas (Lenin, 1902) y si bien han tendido a burocratizarse la mayoría de las veces, no podemos abandonar estos principios que buscan la mayor democracia y disciplina posible.

 

2.2 CONCIENCIA PARTIDARIA DIALÉCTICA DE CLASES. Hasta ahora hemos hablado de manera abstracta de la población y de la mayoría, pero no vivimos en una sociedad de igualdad de oportunidades, es claro que algunos nacen en familias con poder adquisitivo y hay quienes nacen en la extrema pobreza, es decir, vivimos en un mundo desigual, pero no lo es en un sentido llanamente numérico de diferencia en ingresos, sino que cada persona conforma una clase social de acuerdo al papel que juegue con respecto a los medios de producción.

 

Es decir, existen dos clases antagónicas que están en constante lucha (Marx, 1980), aunque no se percaten de ello. Estas son la burguesía (que es dueña de los medios de producción, distribución y financiación, es decir, empresarios, comerciantes y banqueros) y el proletariado (que no posee más que su fuerza de trabajo y se ocupan de la producción, como son los obreros agrícolas e industriales). Entre estas dos existen dos sectores de clase transicionales (Poulantzas, 1977), la pequeña burguesía tradicional (que posee pocos medios, por lo que se ve obligada a autoemplearse) y la nueva pequeña burguesía (que no posee medios pero no participa directamente de la producción, que son los empleados en general); por último tenemos a los arrendatarios que al poseer propiedades son aliados de la burguesía.

 

El siguiente grado de consciencia reside en comprender que se vive en una lucha de clases y que no podemos ignorar que hay dueños de grandes empresas por un lado y gente desafortunada por el otro. En ese sentido, si buscamos un cambio profundo en la sociedad no es suficiente con una conciencia partidaria, pues ésta podría buscar el bien de todos, ignorando que no todos están bien, es decir, no podemos enfocarnos en mejorar al mundo ignorando que existe una lucha entre los que poseen y los desposeídos, pues de otro modo estaríamos favoreciendo inevitablemente a los que más tienen.

 

En otras palabras, requerimos una conciencia partidaria de clases, en la que enfoquemos nuestras fuerzas hacia los desposeídos, seámoslo o no, pues de este modo buscaremos suprimir la desigualdad desde su raíz, que es la conformación de clases sociales. Es ahí donde radica la importancia de ser socialista, en la medida en que la desigualdad social sólo será erradicada cuando los desposeídos sean orientados por el partido para tomar el poder, suprimir las clases sociales e instaurar una democracia para todos y no una dictadura de los poderosos disfrazada de democracia electoral como se vive actualmente.

 

No es necesario pertenecer a la clase de los desposeídos para tener conciencia de clase proletaria, ya que una cosa es la situación de clase (en dónde estamos) y otra la posición de clase (a cuál apoyamos), de modo que en teoría cualquier persona puede adquirir conciencia de clase proletaria. Sin embargo, siendo realistas, la gran burguesía jamás adquirirá dicha conciencia, pues eso pone en duda su visión del mundo y en riesgo su forma de vida.

 

Esto no significa que busquemos ser todos desposeídos o pobres, sino lograr una igualdad de oportunidades, en la cual cada cual reciba según sus necesidades y trabaje según sus capacidades, como sostenía Marx. Es decir, la supresión de las clases sociales no tiene por objetivo generalizar la pobreza, sino la vida digna.

3. POR QUÉ OBRERO

En la actualidad sólo una minoría se dedica a la producción industrial y menos aún a la agrícola, esto nos haría creer que no tiene sentido hablar de clase proletaria como la clase primordial o al menos no entendiendo por ésta solamente a los obreros.

 

Sin embargo, el hecho de que el sector servicios agrupe a la mayoría de la población, no implica que éste sector sea el más importante, en razón de que los alimentos, los transportes, los edificios y la tecnología en general, es producida por los obreros, es decir, pese a que los grandes avances industriales permiten que sea cada vez menor el número de obreros, siguen siendo la clase que materialmente mueve al mundo.

3.1 CONCIENCIA PARTIDARIA DIALÉCTICA DE CLASE PROLETARIA. Aun cuando obtengamos una conciencia de clases, no nos será suficiente para transformar de fondo a la sociedad, pues es fundamental comprender que el núcleo social que mueve económicamente al mundo es la clase obrera (Lukács, 1923). En otras palabras, suponiendo que nos organicemos de tal modo que tomemos el control del sector servicios (gobierno, magisterio, comercio, capital bancario, medios de comunicación, empresas de entretenimiento o de mantenimiento, entre otras), no lograríamos una revolución social, pues nos faltaría aquél sector que suministra la producción material (transportes, edificios, alimentos y tecnología). En otras palabras, sólo si los obreros detienen la producción se paralizaría el mundo, de modo que tienen en sus manos no sólo la supervivencia de toda la sociedad, sino el poder de transformarla, el cual requiere evidentemente el apoyo de la mayoría de la población, esto es, de la pequeña burguesía (particularmente el sector servicios).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

En resumen, para mejorar al mundo necesitamos adquirir conciencia de que no basta con ser buenas personas (inconsciencia) ni con una práctica dentro del sistema (conciencia altruista), pues requerimos posicionarnos ante la forma en que nos gobiernan (consciencia política), organizarnos activamente para tomar el poder (consciencia partidaria), de modo disciplinado e incluyente como en el centralismo democrático (consciencia partidaria dialéctica), entendiendo que la sociedad no es un todo homogéneo sino que hay poseedores y desposeídos (conciencia partidaria de clases) y que la clase fundamental es aquélla que tiene la producción en sus manos (conciencia de clase proletaria). Esto no se logra mecánica o linealmente, pues cada persona, grupo humano e incluso la humanidad misma llevan su propio proceso de desarrollo, lo importante es no rendirnos en la lucha por un mundo mejor, entendiendo que el desarrollo de la conciencia es tanto un fenómeno individual como colectivo, los cuales se retroalimentan en una relación dialéctica infinita.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Lenin, Vladimir. 1902 ¿Qué hacer?

http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/index.htm consultado el 15 de abril de 2012

Lukács Historia y consciencia de clase, 1923 (Traducción de Manuel Sacristán; México: Grijalbo, 1969).

Poulantzas, Nicos 1977.Las Clases Sociales en el capitalismo actual Siglo XXI de España Editores.

Marx, Karl 1980. El Capital. México, Siglo XXI

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LO QUE NO ES EL MARXISMO

LA FILOSOFÍA FUERA DE LA ACADEMIA.

CAPÍTULO 6: LO QUE NO ES EL MARXISMO
MAURICIO DIMEO CORIA

INTRODUCCIÓN

Muchos son los mitos que se han difundido con respecto al marxismo y pocos los escritos que con un lenguaje sencillo los hayan desmentido. Marx fue el autor más leído y más incomprendido del siglo XX, en las bibliotecas de la UNAM es de los personajes con más obras sobre él o de él (2700 libros). Eso sin mencionar que la tercera parte del mundo vivió bajo la teoría del marxismo (con la URSS como base) y que actualmente más de la quinta parte de la población mundial vive bajo un gobierno nominalmente socialista (Cuba, Corea del norte, Laos, Vietnam, China, Siria y Sri Lanka).

El marxismo ha logrado un sinfín de repercusiones en el arte, la ciencia, la política, la filosofía y hasta en la religión. Pero su carácter tan radical (en el sentido de que va a la raíz) ha conllevado graves tergiversaciones, las cuales intentaré aclarar en este escrito.

1. EL MARXISMO NO ES UNA RELIGIÓN

La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo
Karl Marx

Una religión consiste cuando menos en un conjunto de creencias sobre la divinidad. El marxismo no posee ninguna divinidad, sin embargo ofrece un conjunto de elementos que pueden confundirse con la religión:

1.1 La creencia en un pasado libre de opresión como la “tierra perdida”. Si bien es cierto que muchos hablan de una Edad de Oro donde la humanidad vivía libre de guerras e injusticias, lo innegable es que vivió así porque no contaba con los recursos suficientes para actuar de otro modo, por lo que la supuesta tierra perdida no es otra cosa que un pasado precario que requirió de una fuerte cohesión social para salir avante y no un lugar donde todos eran bondadosos. Los marxistas no abogan por una vuelta al pasado, sino por una superación de las injusticias recuperando e integrando lo mejor de la sociedad actual, como veremos más adelante.

1.2 El “pecado original” de la propiedad privada. Por la misma línea, el marxismo no ve a la propiedad privada como una caída en el pecado, pues la concentración de la producción en pocas manos es una condición necesaria para el desarrollo de la industria, lo que señala el marxismo es que así como fue necesaria, ahora se requiere de su superación, ya que el grado de industrialización actual es suficiente para otorgar suficientes recursos a toda la población mundial. Además el marxismo no está en contra de la propiedad individual, es decir, no es reprobable que cada persona sea dueña de su casa, de su coche, de sus electrodomésticos y de cualquier otro artículo personal. De lo que está en contra el marxismo es que los medios de producción como las fábricas y las empresas en general sean propiedad privada y no de todos los que trabajan en ellas.
1.3 Marx visto como “profeta”. Los grandes personajes de la historia suelen ser idolatrados de una u otra forma. Marx no es la excepción, lo importante es no confundir a los fanáticos de Marx con los estudiosos de su teoría o con los que buscan practicar sus métodos. Fanáticos los hay en todo ámbito: la música, el deporte, el arte y hasta en la ciencia, pero no podemos juzgar a un personaje más que por sus acciones. El marxismo no concibe a Marx como un hombre perfecto, sino como cualquier otro hombre de su tiempo, pero la teoría que nos dejó trasciende su tiempo, por eso se le confunde con un profeta.

1.4 “El pueblo elegido” del proletariado. Marx propuso al proletariado como la clase concreta que será capaz de forjar una sociedad justa en toda la tierra. Esto no es gratuito ni idealista, no lo hizo como en las profecías que eligen a un pueblo para dominar a los otros. Sino que propuso a todos aquellos que tienen la producción material en sus manos, pero que no son dueños de lo que generan, ya que sólo quienes producen los alimentos, los transportes y las construcciones entre otros, son los que pueden paralizar al mundo si paran dicha producción. Es decir, materialmente hablando, el proletariado es la clase social fundamental para la supervivencia humana, por lo que tienen la posibilidad de apropiarse de lo que producen para repartirlo justamente.

1.5 “El libro sagrado”, El Capital. El libro más leído y más incomprendido del siglo XX, no es considerado como sagrado o infalible para el marxismo, sino como una guía para comprender cómo funciona la sociedad, el dinero y las relaciones que se establecen en el capitalismo. Es lamentable que la mayoría de quienes se dicen marxistas no acostumbren leerlo, así como quienes lo citan acríticamente como si fuera un texto sagrado. Lo más importante de dicho libro no es lo que dice sino cómo muestra lo que dice: con argumentos, con datos duros, con análisis globales y locales y hasta una gran ironía.

1.6 “El juicio final” con la venida del comunismo. A menudo se acusa al marxismo de poseer una visión apocalíptica, la cual sucederá inevitablemente y otorgará justicia tal como algunas religiones. Pero es todo lo contrario, Marx propone al comunismo como un proyecto a realizar, en donde cada cual reciba según sus necesidades y trabaje según sus capacidades (Marx, 1975). Dicha propuesta sólo puede ser obra de la humanidad misma y no de una profecía, de modo que es posible que nunca se logre e incluso que caigamos en cierta barbarie (si no es que ya estamos cayendo).

En pocas palabras, si bien es fácil confundir al marxismo con la religión, una breve aclaración basta para distinguirlo radicalmente.

2. EL MARXISMO NO ES UNA DOCTRINA

El marxismo ortodoxo no implica aceptar acríticamente los resultados de las investigaciones de Marx. No es la “creencia” en esta o aquella tesis, ni la exégesis de un texto “sagrado”. Por el contrario, la ortodoxia se refiere únicamente al método.
Georg Lukacs

Por doctrina entenderemos un conjunto de creencias que deben aprenderse acríticamente, es decir, al pié de la letra. Por el contrario un método es un modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado. Cuando se entiende al marxismo como doctrina se llega a confundirlo con la religión como vimos, por el contrario el marxismo es un método para analizar y transformar la realidad social.

Sin embargo, gran parte de los marxistas tienden al adoctrinamiento más que al desarrollo de un método, dado que sobrevaloran a un marxista determinado por encima de los argumentos, generando así una infinidad de divisiones dentro del marxismo, los principales son: marxismo-leninismo, luxemburguismo, trotskismo (con 5 variantes), gramscismo, maoísmo, Hoxhaismo, estalinismo, guevarismo, castrismo, juchismo y titoísmo.

Si bien todos ellos han hecho contribuciones tanto teóricas como prácticas en favor de la lucha socialista, sus visiones se ven limitadas dado que sufren de cierta unilateralidad, en razón de que no asumen al marxismo como un método teórico-práctico, al menos no sin cierto culto a la personalidad de su respectivo marxista, aun cuando suelen considerar los escritos y prácticas de otros personajes.

Por el contrario, la propuesta de Lukacs (1985) consiste en tomar al marxismo como un método teórico y práctico, es decir, ser fiel a Marx en el espíritu y no en la letra, como veremos en adelante.

3. EL MARXISMO NO ES UN ECONOMICISMO (O MATERIALISMO DE LO MATERIAL)

Porque el socialismo no se ha hecho simplemente para tener hermosas fábricas, sino se ha hecho para el hombre integral.
Ernesto Guevara.

La base filosófica del marxismo es el materialismo dialéctico. Sin embargo, la palabra materialismo se presta a confusiones. El “materialismo de lo material” es la ideología del consumo, donde se es materialista cuando se buscan los bienes materiales por encima de los valores espirituales. Por el contrario, el “materialismo de la materia” es el que sostiene que la realidad se compone de objetos cambiantes y que no dependen de entidades espirituales para existir. En este segundo sentido es donde entra el marxismo.

De esa confusión surge el prejuicio de que el marxismo es un economicismo, es decir que pretende reducir la realidad a la economía o que considera que lo único importante es el bienestar económico. Por el contrario, el capitalismo es el que sí promueve lo económico como prioritario, donde la prioridad en la vida es hacer jugosos negocios, a costa del medio ambiente, de la salud, de la educación y del trabajo digno de los desposeídos, entre otras injusticias.

En contraste, el marxismo busca un desarrollo integral del ser humano, donde podamos desenvolvernos plenamente a nivel físico, intelectual, artístico, científico, político y emocional, entre otros, pero considera que esto es imposible en la sociedad actual, pues la mayor parte de la población mundial vive en la pobreza. Es donde el marxismo recupera una de las más certeras frases de Hegel, que al mismo tiempo es una crítica incisiva a la religión: “Buscad primero comida y vestimenta, que el reino de Dios se os dará por añadidura” (1807).

En otras palabras, primero hay que luchar por una vida digna para todos, donde las cuestiones económicas son fundamentales, para poder desarrollar plenamente las disciplinas de la cultura. Esto no implica que sólo el factor económico sea importante, sino que todos los factores sociales son imprescindibles (político, cultural, étnico, ideológico, vocacional) pero que en última instancia el modo en que nos ganamos la vida es lo que determina todo lo demás, es decir, las instituciones sociales son forjadas con base en la situación de los medios de trabajo y la distribución de la riqueza.

4. EL MARXISMO NO ES UNA DICTADURA

¡La dictadura del proletariado! Palabras que hasta la fecha sonaban en latín para las masas. Merced a la propagación del sistema de los Soviets por todo el mundo, este latín se ha traducido a todas las lenguas modernas; las masas obreras han dado con la forma práctica de la dictadura.
Lenin

La dictadura es una forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo o un reducido grupo de personas. No es de extrañar que el marxismo se asocie a las dictaduras siendo que los socialismos que se han realizado suelen ser dictaduras, además de que uno de los proyectos del marxismo es la dictadura del proletariado, lo cual requiere ser explicado.

En primera instancia habrá que analizar cómo están compuestas las democracias en la actualidad. En teoría los gobernantes son elegidos por los ciudadanos, pero en la práctica sólo los más poderosos pueden financiar candidatos y partidos, de modo que la elección popular está limitada a elegir a los representantes de los de arriba. En otras palabras, aquéllos que poseen los medios de producción (la burguesía) imponen una serie de candidatos y a los desposeídos (proletarios, en sentido amplio) les toca elegir en qué grado quieren seguir siendo oprimidos. Dicho brevemente, las democracias actuales no son otra cosa que dictaduras de la burguesía.

¿Cómo transformar esa situación política? Definitivamente no se podrá hacer electoralmente, ya que es imposible registrar candidatos que no cuenten con el apoyo de los poderosos, o bien es imposible hacerle promoción sin recursos económicos, o en todo caso no se le permitiría ganar en razón de que está en contra de los intereses de los poderosos. Por el contrario, para derrocar a la dictadura de los burgueses, es necesario instaurar, de manera temporal, una dictadura del proletariado, también llamada socialismo. En dicho periodo el poder es tomado por la auténtica mayoría y se impone a la minoría que es despojada de los medios de producción, mismos que pasan a propiedad del nuevo Estado proletario, es decir, de la auténtica mayoría.

Una vez que se ha reducido al mínimo a los disidentes del nuevo orden político, el Estado proletario y la dictadura misma, se disuelven en el comunismo, donde ya no es necesario ejercer el poder para oprimir a otros (como se hace actualmente) pues el pueblo es dueño de todo, de modo que se logra la democracia plena y lo que era el Estado se convierte en una mera función administrativa.

Este tema es demasiado complejo para tratarlo aquí, baste con resaltar que la dictadura del proletariado no es equivalente a los otros tipos de dictaduras, dado que es una dictadura de la mayoría desposeída contra la minoría poseedora, con la intención de erradicar la desigualdad de oportunidades.

5. EL MARXISMO NO ES UNA SUPRESIÓN DEL INVIDIVUO EN PRO DE LA SOCIEDAD

El humanismo marxista es franco, no emplea declamaciones enfáticas y dulzonas sobre el amor a la humanidad. Su finalidad es enseñar a los hombres a no considerarse como una mercancía que se compra y se vende, como una materia prima que sirva para producir el oro y el lujo de la burguesía. Su tarea no es hacer declaraciones líricas sobre el amor, sino dar cabida a cada trabajador conciencia de la misión histórica de su clase, de su derecho al porvenir
Máximo Gorki

Existen teorías que resaltan al individuo ante la sociedad, son llamadas individualistas, como lo son el liberalismo y el capitalismo. Hay otras teorías que resaltan a la sociedad por encima del individuo, como el holismo y el colectivismo. A menudo se tiene la creencia de que el marxismo cae en esta última categoría, lo cual es erróneo.

Para el marxismo es tan importante la sociedad como el individuo, como en la frase de Engels: “No es, pues, como de vez en cuando, por razones de comodidad, se quiere imaginar, que la situación económica ejerza un efecto automático; no, son los mismos hombres los que hacen la historia, aunque dentro de un medio dado que los condiciona” (1894). Es decir, el marxismo no es individualista ni colectivista, sino dialéctico.

Lo que sucede es que vivimos en un individualismo exacerbado, donde cualquier intento de una vida mejor es visto como privación de la libertad. Por ejemplo, se critica a Cuba en el sentido de que los cubanos no pueden poseer un coche, una gran casa o la posibilidad de viajar al extranjero. Pero eso no es precisamente libertad sino frivolidad. No hace falta un coche en específico, la necesidad real es la de transportarse, pero la sociedad actual nos impone el estatus de un coche para ser reconocidos como personas exitosas. No hace falta poseer una mansión para vivir, sino una vivienda digna, pero la sociedad actual nos impone los lujos habitacionales como forma de vida. Finalmente, viajar o mejor dicho “turistear” es otra más de las falsas necesidades que nos da prestigio ante la sociedad, pero de ningún modo es fundamental para un pleno desarrollo humano.

Además, si la sociedad capitalista presume de “libertades” como los autos, las mansiones o los viajes, es contradictorio que sólo una mínima parte de la población tenga la posibilidad de disfrutarlos. Por el contrario, en los países comunistas existen más garantías de salud, alimentación, educación y vivienda para toda la población, tanto que la UNESCO reconoció que Cuba ha erradicado la desnutrición infantil por completo. ¿Quién es más libre, el que tiene la libertad de viajar pero se muere de hambre y de miseria? O el que no viaja pero posee una vida digna.

Otro argumento individualista contra el marxismo es que suprime el espíritu de competitividad, ya que busca repartir la riqueza a todos por igual. Pero el socialismo no está en contra de toda competencia, ya que los países comunistas se destacan en los juegos olímpicos; sino que está en contra de la competencia rapaz que atenta contra la dignidad humana, es decir, la competencia económica y el afán de enriquecimiento material. Podemos competir en ciencia, en artes, en técnica, en deportes, pero que tal espíritu sea genuino, que no esté mermado por intereses económicos, pues es reprobable jugar con el sustento de los trabajadores.

Otro argumento más consiste en creer que el socialismo supone que todos somos iguales y con ello suprime la singularidad humana. Por el contrario, el capitalismo es quien pretende concebirnos como meros productores de mercancías, como meros consumidores y efectúa maniobras mercadológicas para homogeneizar los gustos y aspiraciones de toda la población. En contraste, el marxismo reconoce que somos diferentes, pero que merecemos igualdad de oportunidades, es decir, que cada cual trabaje de acuerdo a sus capacidades y reciba recursos de acuerdo a sus necesidades (Marx: 1875).

6. EL MARXISMO NO ES UN ASCETISMO

La ética marxista ve el ascetismo como una posición extremista, irrazonable e innecesaria, fruto de representaciones equivocadas sobre las vías que conducen al ideal moral.
Diccionario soviético de filosofía

El ascetismo puede ser definido como un género de vida caracterizado por una sobriedad extrema en la satisfacción de las necesidades. A menudo se cree que el marxismo es equivalente a cierto ascetismo, en la medida en que rechaza al capitalismo, sin embargo, el capitalismo es un sistema global y su superación socialista requiere de acciones mundiales, por lo que las acciones individuales influyen poco o nada en su transformación. Por ejemplo, que unos cuantos no le compren a empresas trasnacionales no afecta en lo más mínimo, salvo que todos los consumidores lo hicieran, pero si se lograra ese nivel de conciencia sería mejor aplicarlo en movilizaciones o huelgas generales, más que en acciones simbólicas.

En otras palabras, el marxista no tiene que aislarse del mundo como lo harían cierto tipo de hippies, sino vivir dentro del sistema y buscar la concienciación de la sociedad para impulsar cambios estructurales. De nada sirve dejar de comprar en tal lugar, dejar de usar tal tipo de ropa, dejar de consumir ciertos productos como el alcohol o el tabaco, todo ello puede representar un buen cambio de actitud individual, pero eso no lo hace indispensable para la lucha socialista.

Por el contrario, creer que se está cambiando al mundo con acciones individuales, significa caer en cierto individualismo, es decir, es caer en la lógica del capitalismo y así es imposible superarlo.

7. EL MARXISMO NO ES UNA UTOPÍA IRREALIZABLE

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
Eduardo Galeano

En el transcurso de la historia del universo, han ocurrido varios cambios revolucionarios, todos ellos asombrosos, uno de ellos es el surgimiento de la vida, ¿Cómo fue posible que de las moléculas que no están vivas haya surgido la vida? Hasta ahora no conocemos otro planeta con vida. Luego, ¿Cómo fue posible que de los animales que son irracionales surgiera el ser humano que es racional? Hasta ahora no conocemos a otro animal con nuestra capacidad intelectual, emocional o creativa. Considerando estos grandes saltos en la historia del universo, ya no suena tan utópico el comunismo.

Veámoslo desde otra perspectiva. La humanidad ha vivido aproximadamente 45 mil años. Vivió en diversas formas de comunismo primitivo durante casi 40 mil años, unos mil 300 años en un sistema esclavista, otros mil 300 años en un sistema feudal y poco más de 200 años en el capitalismo. Con ello se puede apreciar que el comunismo ya existía en alguna forma y es el modo que más tiempo ha perdurado, además, cada sistema social es igual o menor en tiempo que el anterior, de modo que si seguimos la secuencia el capitalismo no puede durar eternamente. De esto no se sigue que el comunismo llegará, pero lo que sí es seguro es que habrá otro sistema social que no sea el capitalista, de nuestras acciones depende que surja un sistema más humano.

Otro aspecto importante es la mentalidad. Se ha dicho que el ser humano es egoísta por naturaleza, ya que en todos los sistemas sociales lo ha sido. Habrá que decir que los 40 mil años de comunismo primitivo predominó la cooperación antes que el individualismo, la razón fue que los recursos eran escasos y la cooperación fue el único modo de subsistencia. Esto podría hacernos pensar que no volveremos a ser cooperativos puesto que actualmente los recursos son vastos, mas existen muchas comunidades como las zapatistas que sí practican esa visión solidaria, incluso el cristianismo en sus inicios era plenamente cooperativo. En pocas palabras, en todas las épocas han existido sociedades cooperativas que ven por la comunidad antes que por el individuo y ahora que los recursos alimentarios sobrepasan por mucho lo que necesitamos: tenemos las condiciones materiales para una transformación global, sólo hace falta la suficiente concienciación para lograrlo.

Otro prejuicio consiste en considerar que los mejores deben gobernar porque la mayor parte de la población es inepta para tales labores. Pero los de abajo no son capaces de gobernar porque durante su crecimiento sufrieron de desnutrición o de escasa educación, pues todo ser humano es capaz de tomar decisiones políticas si se le brinda una buena educación. Sin mencionar que podríamos catalogar de idiotas a muchos gobernantes actuales.

8. EL MARXISMO NO ES UNA TEORÍA SUPERADA

El socialismo no es en modo alguno el enemigo de la civilización. Lo único que quiere es extender la civilización a toda la humanidad. Bajo el capitalismo la civilización es el monopolio de una minoría privilegiada.”
Guillermo Liebknecht

Es un lugar común afirmar que el marxismo pasó de moda, que se probó y no funcionó. Lo cierto es que el capitalismo sí es una teoría superada que se ha probado hasta el cansancio y no funciona, mientras que el marxismo nunca se ha aplicado como se formuló, ya que hasta los mejores revolucionarios tuvieron serias dificultades para aplicarlo. Si bien dentro del capitalismo ha funcionado bastante aplicar rasgos socialistas, como los tienen los Estados de bienestar, donde el Estado trata de brindar cierta calidad de vida a la población regulando la anarquía de la producción capitalista.

En otras palabras, el capitalismo deja al azar del mercado el bienestar de la sociedad, mientras que el socialismo busca una planificación completa de la producción y distribución de la riqueza. Mientras en el capitalismo la oferta y la demanda provocan el hambre y la miseria en el mundo, el socialismo propone producir lo que la sociedad necesite y distribuir de acuerdo a las necesidades de cada cual. Además, los rasgos de marxismo que se han logrado aplicar en los países nominalmente comunistas, han otorgado ciertas garantías de salud, educación, vivienda y alimentación para toda la población, como en el caso de Cuba, pese al bloqueo económico que sufre, por lo que se muestra cuánto potencial posee el socialismo si se llega a aplicar acertadamente.

Otro problema ha sido que los socialismos reales han tendido a conformar dictaduras en vez de democracias, esto ha ocurrido por la difícil situación de formar Estados socialistas en un mundo capitalista, además de que las poblaciones no han alcanzado la suficiente madurez social para ejercer una democracia plena, pero como ya hemos mencionado, la situación no es diferente en los países capitalistas, donde las supuestas democracias no son otra cosa que dictaduras de la burguesía.

Por otra parte, en la economía, en la filosofía, en la historiología y en la sociología, entre otras disciplinas, hay una infinidad de teorías y el marxismo no es una más entre todas ellas, puesto que posee el método dialéctico, el cual le permite integrar lo mejor de cada una de ellas y superarlas en una visión objetiva de la realidad, esto es posible porque el marxismo está comprometido con la transformación de la sociedad hacia una vida digna para todos.

Esto puede sonar presuntuoso e idealista, pero su complejidad radica en analizar todos los factores que comprenden un fenómeno social y buscar explicarlos en su devenir histórico, considerando en última instancia al factor económico como el determinante. Muchas teorías buscan una visión total, pero pocas de ellas logran explicar los fenómenos en su desarrollo histórico y mucho menos comprendiendo que lo económico, es decir, el modo en que nos ganamos la vida, determina en última instancia nuestras relaciones sociales y la producción cultural correspondiente.

En pocas palabras, el marxismo es la más radical de las teorías, en el sentido etimológico de ir a la raíz de los problemas, por eso se diferencia de las otras teorías que son reformistas, mientras que el marxismo es revolucionario, por lo que no podrá ser superado mientras no logren sobrepasarse las condiciones históricas de injusticia y desigualdad que lo vieron surgir.

9. EL MARXISMO NO ES ANTICIENTÍFICO.

Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza.
Antonio Gramsci

Marx fue un hombre de su tiempo y como tal era incapaz de acertar en todo lo que dijo y mucho menos en sus pronósticos para el futuro. Claro que acertó bastante, tanto que sus escritos siguen siendo vigentes, pero lo que nos legó es más que eso, es un método de investigación.

Nos otorgó el método materialista dialéctico, con el cual es posible analizar la realidad actual en su mayor complejidad, pues parte de las condiciones concretas en su devenir histórico. Claro que son muy útiles los textos clásicos del marxismo, pero lo son en la medida en que nos permiten entender de qué modo estudiar cada fenómeno histórico y no para pretender encajar fórmulas del pasado o de otros contextos sociales a nuestra situación actual. Un error de muchos marxismos consiste en buscar otra revolución rusa tal como se presentó en aquél momento, siendo que cada condición determinada exige ser analizada en su contexto.

Por eso el marxismo es científico, en la medida en que posee una metodología de investigación social, que permite dar una explicación a los fenómenos y dar cuenta de su desarrollo histórico. Popper argumentaba que el marxismo no es científico porque se probó y fracasó, pero sí así midiéramos a la ciencia, ninguna teoría saldría avante, pues las teorías científicas maduran mediante ensayo y error. Actualmente, en las universidades del mundo el marxismo sigue siendo aceptado como una teoría científica social y forma parte de los planes de estudio. Desgraciadamente ha sido minimizado en lo que es más fuerte: en la ciencia económica, ya que tales planes de estudio se han tecnificado, en el sentido de enfocarse en análisis econométricos, más que en la investigación social.

En particular, la ciencia es una búsqueda de regularidades y el marxismo es científico en tanto busca regularidades sociales, entre ellas Marx se enfocó en estudiar la ley de la plusvalía, la cual explica cómo es que el capitalista incrementa su capital con base en la explotación del proletario (plusvalía absoluta) y en el perfeccionamiento de los medios de producción (plusvalía relativa), de modo que el enriquecimiento del burgués es ilícito, en la medida en que al trabajador sólo le paga lo que requiere para sobrevivir y no lo que equivale a la riqueza que produjo.

10. EL MARXISMO SÍ ES IDEOLÓGICO

El analfabeto político es tan animal que se enorgullece e hincha el pecho al decir que odia la política. No sabe el imbécil que de su ignorancia política proviene la prostituta, el menor abandonado, el asaltador, y el peor de los bandidos, que es el político aprovechador, embaucador y corrompido, lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertold Brecht

A menudo se ataca al marxismo por ideológico, como si tal adjetivo fuera despectivo, el problema es que en todo momento jugamos un papel en la sociedad por lo que es imposible dejar de posicionarnos, dejar de tomar una postura, dejar de tener una ideología. Quien dice que no es de derecha (del lado de los poderosos) ni de izquierda (del lado del pueblo) está tomando una postura que avala de alguna forma la situación actual, puesto que no la cuestiona, de modo que termina siendo de derecha. Quien dice que no practica ninguna ideología posee una ideología apática que avala las injusticias imperantes.

Por el contrario, aceptar que se posee una ideología es el primer paso para ser conscientes de nuestro papel en la sociedad. Que el marxismo sea ideológico como toda otra postura política no implica que deje de ser científico, pues si bien los resultados de toda investigación científica son objetivos antes que ideológicos, dichas investigaciones son enfocadas con fines particulares que benefician a ciertos grupos de poder, más que a la población en general. Por ejemplo, la investigación genética no se efectúa para enriquecer el patrimonio de la humanidad, sino con fines comerciales. En ciencia social las investigaciones suelen efectuarse para controlar a la población más que para beneficiarla.

A diferencia de las demás ideologías el marxismo busca ser la más completa de ellas, dado que su objetivo es lograr una visión desde los oprimidos, que busque revolucionar el sistema político actual y superar esta polaridad entre poseedores y desposeídos. Es decir, el marxismo busca una ideología universalizable, libre de la parcialidad individualista que abunda en la sociedad actual.

En ese sentido, la importancia de organizarnos, disciplinarnos, instruirnos y tomar una postura política marxista es fundamental. Todo ello es posible en la construcción de un partido socialista, de ahí la importancia de politizarnos, pese a que los partidos políticos estén tan desprestigiados, pues de otro modo nuestra indiferencia avala el sistema político actual.

11. El MARXISMO NO ES MACHISTA

Las más explotadas son las madres de nuestro pueblo. Ellas están de manos y pies amarrados por la dependencia económica. Son forzadas a venderse en el mercado de la boda, como sus hermanas prostitutas en el mercado público.
Friedrich Engels

Uno de los mitos más cómicos en el marxismo es que como busca abolir la propiedad privada, las mujeres deben ser propiedad de todos. Esta afirmación no fue dicha jamás por ningún marxista, es más propia de Platón, pues incluso en el socialismo utópico ya se tenía una idea muy avanzada del papel de la mujer en la sociedad, Fourier decía que el grado de emancipación de la mujer en una sociedad es el barómetro general por el que se mide la emancipación general.

Por el contrario, el marxismo es quizá la corriente política que más ha escrito y hecho en favor de la mujer. O mejor dicho, las mujeres marxistas son las que más han conquistado al mundo. Tanto que el día de la mujer se origina en la lucha marxista y su objetivo era obtener el derecho de voto y abolir la esclavitud sexual. Es decir, el día internacional de la mujer no es un segundo día de la madre, donde la mujer celebra que sólo se le mira como objeto sexual y de sentimentalismo. Sino un día para recordar la lucha de las mujeres por su emancipación, por una sociedad más justa donde el género no sea un factor de discriminación.

Lo que propone el marxismo es la desenajenación de la sexualidad, es decir, que se deje de ver al hombre y a la mujer como dos polos extremadamente opuestos, ambos géneros poseemos sentimientos, intuiciones, fortaleza, carácter, inteligencia y ningún estudio científico ha demostrado que tengamos alguna de estas cualidades en diferente proporción, salvo la fuerza física. Es la sociedad la que ha condicionado la personalidad de hombres y mujeres hacia dicha polarización.

Por otro lado, hay muchos feminismos no marxistas que han logrado conquistas en el terreno laboral, legal y cultural, el problema es que mientras no se supere el sistema capitalista, todas esas medidas equivalen a tratar de sacar el agua del barco que se hunde, en vez de cambiar de barco, es decir, mientras no se supere este sistema que oprime y explota, las conquistas sociales no perdurarán. Y si bien el patriarcado es más antiguo que el capitalismo, la emancipación marxista no se limita a la enajenación capitalista, ya que su visión dialéctica busca superar e integrar todo nuestro devenir histórico.

12. EL MARXISMO NO ES ANTIECOLÓGICO

el hombre no domina la naturaleza como quien es ajeno a ella, sino que formamos parte de ella con nuestra carne y nuestro cerebro, que nos hallamos en medio de ella y que todo nuestro dominio sobre ella y la ventaja que esto conlleva consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente (…) cuanto más ocurra esto, más volverán los hombres a sentirse parte de la naturaleza y más imposible se nos revelará ese absurdo y antinatural antagonismo entre espíritu y materia, entre alma y cuerpo.
Friedrich Engels.

El marxismo promueve el desarrollo de las fuerzas productivas, esto puede malentenderse como una despreocupación por el medio ambiente, pero es todo lo contrario, ya que se busca un desarrollo racional de la tecnología, incluso Engels (1977) recomienda utilizar las grandes cantidades de excremento de la humanidad para el abono, en vez de que sigan contaminando los mares como hasta ahora. De modo que ser marxista es también ser ecologista, ya que promueve una visión de la humanidad como parte integral de la naturaleza y no como algo extraño que la corrompe.

Por el contrario, el ecologismo que promueve la sociedad capitalista es tremendamente hipócrita, ya que sugiere acciones individuales como ahorrar el agua, la luz y reciclar. Pero estas medidas son ridículamente ineficaces, ya que la mayor parte del agua potable se consume en riego y en la industria y lo mismo con la energía eléctrica o muchas otras. Además el excesivo uso de plásticos de las industrias ocasiona un mayor daño al ambiente del que se puede reparar reciclando. Y la industria del automóvil busca impedir que se popularicen combustibles alternativos a la gasolina porque eso disminuiría las ganancias de los magnates petroleros.

En suma, los capitalistas nos venden la idea de que el cambio depende de acciones individuales para ocultar que el verdadero daño lo ocasiona la industria, en razón de que no quieren ver afectadas sus jugosas ganancias. Por lo tanto, una auténtica ecología, que vaya a la raíz del problema, requiere un cambio de sistema, donde se transformen el modo en que aprovechamos los recursos de la naturaleza, ya que sólo un cambio estructural puede solucionar los problemas globales que están acabando con el planeta y con nosotros mismos (como los transgénicos).

13. EL MARXISMO NO ES VIOLENTO

Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario.
Che Guevara

Mucho se ha criticado al marxismo por buscar mejorar las cosas mediante la violencia, cosa que no es completamente cierta. Antes que nada vivimos en una sociedad violenta en diversos modos. Existe la violencia explícita que se vive a diario con la delincuencia, pero además existe otra violencia que suele pasar desapercibida, que es la violencia estructural o callada como la nombra Sánchez Vázquez (2003). Dicha violencia es impartida por el Estado y los capitalistas y consiste en mantener a la población en la opresión y la pobreza. Se refleja en desempleo, bajos salarios, nulas prestaciones, despido por embarazo, escasez de agua potable y de energía eléctrica. Todo esto es una violencia estructural en la medida en que sí existen los recursos suficientes para brindar tales servicios a toda la población, pero están injustamente distribuidos.

Si a esta violencia estructural, sumamos otra violencia explícita que también comete el Estado contra los luchadores sociales (encarcelamientos políticos y represión de la protesta social, entre otros), está plenamente justificado el uso de la violencia para derrocar a los gobernantes responsables. Sin embargo, el marxismo no busca la violencia ni aún en estos casos, sino sólo como último recurso cuando todo otro mecanismo haya sido probado, es decir, siempre se buscará primero el diálogo y la movilización pacífica, pero siendo realistas, los poderosos no cederán sólo por nuestra labor de convencimiento, por lo que será imposible superar al sistema capitalista si no se utiliza, como último recurso, la violencia contra los capitalistas.
CONCLUSIÓN: EL MARXISMO NO ES MARXISTA

Mas la guía principal que debe dirigirnos en la elección de una carrera es el bienestar de la humanidad y nuestra propia perfección. No debe pensarse que estos dos intereses pudieran estar en conflicto, que uno tendría que destruir el otro; al contrario, la naturaleza de hombre está constituida de tal modo que sólo puede lograr su propia perfección trabajando para la perfección, para el bien de sus semejantes.
Karl Marx, a sus 17 años.

Hemos visto que mucho de lo que se concebía como marxismo no lo es, incluso el mismo nombre de “marxismo” es inadecuado, en la medida en que no es un culto en torno a la figura de Marx, sino toda una visión del mundo, un método para estudiar la realidad y un proyecto para superar el sistema de injusticias actual. Por eso Marx mismo dijo en una ocasión que no era marxista, para evidenciar que estaba en contra del culto a la personalidad, es más adecuado utilizar el nombre de socialismo científico, con el que se hace énfasis en que no es una mera utopía, sino que parte de abordar la realidad objetivamente.

Pero el marxismo o socialismo científico es más que eso, es una forma de vida que nos brinda un óptimo significado, ya que no sólo busca una sociedad justa y equitativa, sino brindar a cada ser humano un sentido de existencia. Es decir, la vida tiene muy poco sentido si sólo buscamos nuestro propio beneficio. Ganar mucho dinero, tener mucho poder y hasta formar una familia, son objetivos que sólo mantienen o empeoran las condiciones en las que vivimos. Por el contrario, enfocar nuestra vida en la lucha política, con el objetivo de un mundo mejor, nos brinda un significado auténtico por el cual entregar nuestras vidas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Engels, Friedrich. 1894 Carta a W. Borgius http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e25-i-94.htm consulta: 31 de diciembre 2011.

Engels, Friedrich. 1961. Dialéctica de la naturaleza, México, Grijalbo.

Engels, Friedrich 1977 Anti-duhring, Mëxico, Cultura Popular.

Lukacs, Georg. 1985 Historia y conciencia de clase. Barcelona, Orbis.

Marx, Karl 1875 Crítica al programa de Gotha. http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gothai.htm consulta: 31 de diciembre 2011.

Sánchez Vázquez, Adolfo 2003 Filosofía de la Praxis. México, Siglo XXI.

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